Aunque pueda parecerlo, el dinero no puede dar la felicidad, por lo menos no de manera continuada, ni en todos los casos. Es uno de los detalles que no debe escaparse. La cara que muestra el dinero es contraria a la que de verdad esconde.

Muchos pensarán...Yá...osea ¿que vive igual un mendigo que un multimillonario? Pues las cosas no son tan radicales, no son blancas o negras. Cuando se alcanza un nivel monetario medio, en el que el dinero no produce angustia, entonces más dinero no cambia la felicidad personal.

Cada persona tiene supropio nivel de felicidad, ese nivel puede cambiar, subir o bajar pero siempre vuelve a su estado basal. Así que si te toca la lotería serás más feliz un corto período de tiempo hasta que tu estado vuelva a su sitio.

Sin embargo, lo que sí puede pasar, es que ese dinero traiga consigo infelicidad y los eventos negativos tardan mucho más en salir de nosotros que los positivos (desgraciadamente). También puede pasar que si no cuidas mucho lo que te hace ser más humano, incluso te cambie como persona y te vuelvas más desconsiderado con los demás.

Por no mencionar lo más importante, la motivación por conseguir algo, por ganar algo que teniendo facilmente no puede resultar tan gratificante como luchándolo con nuestro propio esfuerzo.

En resumidas cuentas...DINERO...¿PARA QUÉ?