Pues no sé que es peor, para mí decididamente lo segundo. Creo que callar es como otorgar y hay cosas por las que no paso. Claro que después viene el cargo de conciencia, el sentimiento de bocazas o el remordimiento.

Hay una reunión de amigos y amigos de amigos y familia. No sé quien es quién, sólo se quien es la mamá de la criatura con problemas y no sé cómo sacar el tema, me pongo a pensar pero no se me ocurre nada, tampoco quiero meterme donde no me llaman. Pero pienso que a ella le puede pasar igual, a lo mejor no sabe como sacar el tema.

Empieza con una pregunta para tantear el terreno. Ahora ya sé que quiere hablar de ello, así que sigo la conversación con mucho cuidado. Llega el momento y cuenta todo de golpe.
-He ido al psiquiatra y me ha dicho que el niño tiene: “Carencia afectiva”.
-¿Como has dicho, perdona?
-Carencia afectiva.
-Y...¿que es eso??
La pobre me contesta con lágrimas en los ojos que no le hace el suficiente caso a su hijo. (Joder con el psiquiatra, si se fuese a China, podría explotar este diagnóstico)
-¿Como puede un psiquiatra decir semejante aberración??, Deberías denunciarlo.
-Pues es muy nombrado
-Te agradecería que me dijeras cómo se llama. Me lo dice, espero que no se me olvide, tiene un nombre de lo más vulgar. ¿Que clase de animal es capaz de decirle eso a una madre?? Y en caso de que fuera verdad ¿en que puede ayudar este diagnóstico a una mamá deprimida? Y encima ni rastro de una terapia a seguir. Y digo yo...este señor ¿a qué se dedica... a ayudar o a pisar cabezas?? a lo mejor no ha pensado que poco vá a ayudar esta mamá a su hijo si enferma de depresión, o a lo mejor no sabe que en estos casos siempre aparece un grandísimo sentimiento de culpa. Nó, no lo debe saber porque él encima tiene los cojones de decirle a esta pobre mujer que no es una buena madre.

Que me perdonen"algunos" psiquiatras pero no puedo con esta terapia de sillón. Me gustaría saber en que se basa este señor para realizar este diagnóstico, ya por curiosidad.

Entonces aparece alguien por detrás y dice con tono ofendido o de ofensa:

-Pues este señor es muy famoso y muy reconocido.

-Que sea muy conocido no quiere decir necesariamente que sea muy bueno.

-Trabaja en .... (lo dice como si al decir el nombre de ese hospital se fuera a acabar ahí la conversación). Además es amigo de mi hermano que es médico. (Acabásemos)

-Los diagnósticos tienen que ser reconocidos a nivel internacional, no vale que él los "coloque" según su criterio, por que no creo que sea "Dios".

El tío se ofende y se vá. A mi me empieza a entrar mal rollo, no sé quién és y si he sido grosera con él. Pregunto a una chica con la que he hablado antes y me dice que es su hermano.

¡¡Joder!!

-Espero que no se lo haya tomado mal, no he querido ser mal educada.

-No te preocupes. No pasa nada.

Por supuesto el señor psiquiatra no ha convencido a nadie y los papás acuden a otro sitio.

-Ahora llega el momento en que yo tengo que darle el teléfono de un gabinete psicológico para que vaya. Pero no sé cómo planteárselo, sé que no vá a ir. Le digo que tiene que contrastar opiniones y se lo largo. Lo coge, ahora...el destino...

Me siento mal. Sé que he dicho lo que debía, entonces...¿que pasa?...No lo sé...