Ayer por la mañana ví un niño en la puerta del cole. Todos entraban corriendo para no llegar tarde pero él estaba cogido de la mano de su mamá. Se balanceaba de un lado a otro mirando hacia el cielo a algún punto fijo perdido entre las nubes.

Pasé por su lado y no lo pude evitar, tuve que tocarle su cabecita. Me encanta tocarle la cabeza a todos los niños pero en este caso es como si pudiera trasmitirle todo mi cariño con ese suave contacto. No sé cómo me arriesgué a que pudíera apartarse al ver mi mano. Me hubiese resultado muy doloroso. El no se inmutó.
Su mamá tenía la resignación enla cara. Esa expresión...de sincera tristeza que se queda después del trauma yquizá para siempre.
No sé si seré capaz algún día de tratar a estos niños autistas. Es mi gran meta pero a veces pienso que no voy a poder soportar el dolor. Ya veremos.

Cambiando el tercio...el jueves que viene tengo una fiesta sesentera.

Después de mucho darle vueltas, ¡por fín tengo listo el disfraz!. Me ha costado mucho decidirme, conseguir el mejor disfraz al menor precio posible. Buscando fotos de los sesenta, tipo Elvis, buff...¡qué complicado! no encuentro nada que me guste. Entonces me puse a pensar en mi madre y...¡síí!.
Un pañuelo en la cabeza, unos pendientes de aro, unas supergafas de pasta, una camisa larga floreada, unos leggins marrones y unos zuecos de tacón alto. Y listo.

Haré fotos y las colgaré, espero.

Voy a tener que empezar a cerrar los ojos, mañana por la mañana tengo la segunda jornada sobre el estrés.

Buenas noches.